Alpinismo es la actividad de subir a las altas montañas, es la práctica del montañismo difícil en su acepción más amplia. Comprende la escalada por grandiosas paredes de roca y las ascensiones a cimas altas, que presentan otra clase de dificultades menos contestables: frío, hielo, complejidad de itinerario, problemas relacionados con la altura y las condiciones meteorológicas.

El alpinismo entraña riesgo, aventura, cálculo y también improvisación.

Surge por imperiosa necesidad de algunos hombres en una época determinada históricamente. Cuando las tierras del planeta están descubiertas y no queda ya otro reducto desconocido que el de las altas montañas, ciertos hombres conciben la idea de aventurarse en este mundo nuevo.

“La alta montaña es un mundo por encima del mundo.”

El tema de “¿Qué es el alpinismo?” es el que razona el porqué del alpinismo. La razón del hombre para crear una aventura que la civilización no necesita, y que realmente no contribuiría en absoluto al progreso de las investigaciones científicas o técnicas.

Naturalmente, con las expediciones que siempre rodean a cualquier información rotunda, pero que casi no se pueden tener en cuenta al analizar la causa de esta actividad tan pura en sí, en que nada útil, materialmente considerado, traería consigo.

El acontecimiento que supuso la conquista del Cervino en 1865 fue de tal magnitud, que es generalmente admitida la fecha en que se realizó como clave del comienzo del movimiento alpinístico.

Pero si la fecha de su primera ascensión es tomada como principio de un movimiento nuevo es porque a partir de entonces se empieza a practicar ya de forma continuada, y fundamentalmente movido no por intereses extraños a la propia actividad, sino por sí misma.

Desde entonces, el alpinismo ha existido en el mundo, y aunque su carácter ha variado, sigue configurado por el sentimiento alpinístico.

Han variado las técnicas, los equipos, un poco las formas, pero aún el hombre sigue acudiendo a las montañas movido por los mismos sentimientos que los primeros ascensionistas que se registran en la historia.

Ya no son móviles estratégicos, científicos, artísticos, los que impulsan a la conquista aislada de una cima. Ha nacido el alpinismo con ritmo regular y en su pureza absoluta. Es un poderoso impulso humano. Ya no se encuentra enmascarado en ninguna razón que no sea la actividad en sí de subir montañas, de vivir de una determinada forma, de sentir el miedo de la aventura del mundo de los hielos y los abismos, la emoción, la dicha de conocer alegrías profundas y felicidad distinta.

Muchas montañas hay sobre la Tierra, pero los Alpes, montañas únicas en una civilización vieja, son las primeras en recibir los asaltos de los hombres. En los Alpes nace la técnica alpina, el impulso alpino, que luego se extendería por las otras altas montañas de la tierra. Por ello es justo que se denomine alpinismo todo el afán de escalar grandes montañas, estén donde estén y sean las que fueren.

Que sea la vieja Europa el rincón del mundo en donde comienza el alpinismo es sintomático. ¿Por qué razones no empezó el deseo de conquistar montañas en América o en Asia, en donde existían enormes cimas más capaces aún de provocar la tentación de los tipos humanos aptos para estas empresas?

El nacimiento de este singular afán, que más tarde empezaría a ser considerado como deporte, necesitaba para producirse una civilización vieja, un poco colmada de lo que la civilización trae de negativo. Una superación del espíritu de división entre los pueblos.

Un acercamiento de países y gentes. Fue comenzado a practicar por los pueblos más desarrollados económica y socialmente: Inglaterra, Alemania, Austria, Francia, Italia. Más tarde empezaron a conocerlo países cuya geografía no tenía ni siquiera pequeñas colinas, pero sí nivel social.

Desde que el alpinismo comienza, un tipo humano adquiere rasgos diferenciativos. Sufrimientos y peligros ante la belleza de las altas montañas. Montañas que podrían ayudarle a mejorar, a sentir generosidad, luz, pureza y un ideal joven.

El riesgo es el alto precio del alpinismo. Surcar murallas grandiosas, recorrer las aristas de nieve, internarse en los salvajes glaciares, lleva en sí peligros inciertos y precisos. Conseguir una ruta grandiosa es una sucesión de riesgos que se van evitando.

El mundo de la montaña es un extraño mundo transparente. Nada se ofrece sin pagar su verdadero precio. Sólo se alcanza el objetivo cuando el hombre se lo ha ganado verdaderamente. En la cima, una felicidad nueva y profunda. Una renovación constante del espíritu es el único fruto de esta dura y desinteresada empresa humana.

El alpinismo es una fecunda experiencia del hombre.

Mirar las inhumanas caras nortes con ideas de escalarlas es ya purificarse un poco. Quien no sienta ese miedo al contemplarlas es menos alpinista y luego no conocerá esa única del que ha vencido la montaña y el temor que provoca.

La modestia, la discreción, la sinceridad, son características del alpinismo verdadero. El alpinismo lleva a la conciencia una situación límite de existencia.

Para comprender el alpinismo hace falta comprender al alpinista. La comprensión del hombre permite ver sus motivos, es decir, saber lo que significa para él lo que el mundo contiene. El estudio de los motivos conduce a comprender cómo el hombre utiliza su vida.

Hacer alpinismo es una forma de vivir y ser feliz. Para el auténtico alpinista, la montaña significa mucho en su vida. Ella nos da la verdadera medida del hombre y le enseña a conocer la absoluta necesidad. La montaña moldea, educa, enseña. ¿Qué actividad humana puede ser mejor? La alta montaña es un jardín en el espacio, en el que es preciso saber preguntar al cielo y a la nieve. En el que es preciso conocer la naturaleza y al hombre.

La actual sociedad necesita del alpinismo. Necesita del optimismo y la alegría que la montaña otorga. Necesita de su sanidad para creer que no todo en el mundo está enfermo. Que todavía existen las grandes aficiones y las grandes empresas guiadas por el espíritu, que en el alpinismo lo constituye todo.