Un artículo del diario español publicado por María Valero indica que el estado de inmunosupresión que sucede tras un trasplante de riñón podría ser la causa de que los pacientes trasplantados tengan hasta tres veces más riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer tras el transplante.

Los tumores podrían originarse en virus, por lo que es crucial continuar investigando el sistema inmunitario en la lucha contra esta enfermedad. Las conclusiones de un estudio pertinente se pueden consultar en ‘The Journal of the American Medical Association’ (JAMA).

Este estudio siguió a 28.855 pacientes con insuficiencia renal crónica durante tres fases de la enfermedad: cinco años antes de recibir el trasplante de riñón, mientras se sometían a diálisis y tras recibir su nuevo órgano.

Se detectó que después del trasplante la incidencia de ciertos tipos de cáncer se multiplicaba por tres. Así, se dio por ejemplo un “exceso significativo” de diagnósticos demelanoma, linfomas, leucemias, tumores de lengua, labios, esófago, estómago, cuello de útero, pene, ojo o tiroides…

Sin embargo, el director de la Organización Nacional de Trasplantes en España, Rafael Matesanz, indica que se trata de un riesgo conocido desde hace tiempo por los especialistas y que se puede considerar “pequeño y asumible”, porque “los beneficios del trasplante superan a sus riesgos”.

Hasta ahora, admiten los científicos, se sabía que la debilidad inmunitaria que sigue a una donación podía favorecer los tumores de piel no melanoma, linfomas de Hodgkin o sarcomas de Kaposi; sin embargo, ésta es tal vez la primera investigación tan numerosa que amplía los riesgos a otros tumores diferentes.

El hecho de haber estudiado a la misma población a lo largo de tiempo permite excluir otros factores de riesgo que pudiesen existir ya antes de la cirugía, o incluso que pudiesen estar relacionados con su propia enfermedad renal o con el proceso de diálisis. La causa del fenómeno parece estar más bien en la interacción entre el sistema inmunológico y ciertas infecciones virales que podrían estar en el origen de algunas neoplasias.

De hecho, muchos de los tumores que aumentaron tras la cirugía se han asociado con anterioridad a la infección crónica por ciertos virus, como el papilomavirus para los cánceres de vulva, vagina, pene o lengua; o el Epstein-Barr para la enfermedad de Hodgkin. No se apreció, por el contrario, mayor número de tumores de mama o próstata.

Estas observaciones aportan una valiosa información sobre el papel que juegan algunas infecciones comunes en el desarrollo de una gran variedad de tumores de diversa localización.