Suele pasar, que cuando te trasplantan, al cabo de un tiempo, empiezas a olvidar de beber la cantidad necesaria de agua; pasas de no poder beber prácticamente nada a tener que beber bastante. Al principio lo tomas con placer y bebes con gusto, pero con el paso del tiempo empiezas a disminuir la ingesta de líquidos; claro, ya no lo tienes prohibido y puedes beber con normalidad.

Yo suelo tener una botella siempre cerca para ir bebiendo e hidratando mi riñón. Al contrario de la diálisis, en que la restricción de líquidos es obligada, una vez trasplantado, con una función renal buena, tienes que beber abundantes líquidos: agua, zumos, infusiones, sopas.  El beneficio para nosotros de beber bastante agua es un hecho, ya que además de hidratarnos, el riñón trasplantado trabaja con mucho menos esfuerzo al arrastrar más fácilmente las toxinas y los productos de deshecho de nuestro organismo.

Hay que beber abundantemente antes, durante y después de hacer ejercicio porque además de evitar la deshidratación mejorará nuestra actividad deportiva.

Las dietas ricas en grasas y las proteínas requieren más líquido para eliminar sus restos metabólicos, ya que estos alimentos contienen menos agua que otros productos. Por eso, es recomendable aumentar el consumo de agua si se ingieren este tipo de alimentos.

El agua, en los trasplantados renales con buena función renal, nos ayuda además a prevenir posibles infecciones urinarias y depura nuestro organismo, y la cantidad que debemos beber diariamente serán al menos dos litros de agua. Seguro que si lo haces, notarás que te pasas el día dando paseos al servicio.

Hay que facilitar el trabajo a nuestro riñón bebiendo suficiente agua.